Inventado a fines del siglo XIX por un francés de apellido Charmat, que imaginó sustituir la botella por una más grande que originalmente tenía la forma de una ánfora romana pero en bronce. En los primeros ensayos explotaron las ánforas, pero hoy, gracias a la técnica del acero inoxidable, se puede fermentar en tanques de hasta 90.000 litros. Es el método utilizado actualmente en Argentina por el 90% de la producción, y está muy bien adaptado al clima caluroso de las provincias productoras. En Francia se usan bodegas subterráneas que tienen una temperatura constante de 12º grados todo el año. Entonces, nada mejor que un tanque de acero inoxidable que tiene un sistema automatizado de enfriamiento que permite controlar la temperatura y reproducir el beneficio de un subsuelo. Terminada la fermentación y el añejamiento requerido, se filtra y se llenan las botellas con el mismo agregado de jarabe de azúcar y posteriormente se procedía a taparlas y etiquetarlas. Cuando una botella de espumoso sale de la bodega, el vino está listo para ser tomado. No es necesario ni tiene sentido guardarlo, porque el tiempo no le producirá ninguna mejora.
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