| Blanco, rosado, brut, seco o semi seco, joven o maduro; con año de cosecha o no, clásico u original, ligero o robusto, floral o frutal, sensual o romántico, tierno o potente, vivo o cremoso, todos expresan el mismo genio magnífico, el de conquistar el ojo, las papilas y el espíritu; hace nacer la alegría compartida, el genio que consiste también en dejarse degustar solos o combinarse con los platos más diversos. No existe un vino espumante que se parezca a otro. En nuestro medio, todavía no hemos descubierto los íntimos placeres de los vinos espumantes. Existen muchos platos con los que, por sencilla pereza, asociamos siempre los mismos vinos sin carácter. Y, sin embargo, ya sean frescos y sutiles como el sushi japonés, exuberantes como la pasta italiana, cremosos como las especialidades vienesas, melosos como los pasteles marroquíes o ricos como los quesos del otro lado del canal de la Mancha, todos los sabores del mundo pueden asociarse con un vino espumante En el mercado de los vinos espumantes encontramos una gran variedad que puede satisfacer todos los gustos y bolsillos. |